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Entrevista narrativa a Ana Domínguez Mon, disertante del Ateneo virtual de junio y Santiago García de la Vega

12 ago
4 min de lectura

Integrantes del Grupo Interdisciplinario de Trabajo en Ciencias Sociales y Salud – GITCSyS- a las preguntas formuladas desde la SAMEN



1- ¿Qué sensibilidades/habilidades encontraste en los profesionales con más posibilidad de sentirse afectados o transformados en una relación de cuidado?


Desde mi experiencia como investigadora, he comprobado que quienes se demostraron afectados por las relaciones de cuidado, desarrollaron habilidades de observación y escucha. Esto quiere decir, lograron brindar(se) tiempo para reconocer al paciente como una persona que vive con una afección determinada y cómo vive esa afección según el momento en que recibe el diagnóstico, acepta o no el tratamiento y va desarrollando un vínculo de confianza con su médico/a tratante. Por la particularidad de las instituciones en las que hemos investigado, las personas que viven con afecciones crónicas, no tienen trabajos registrados, no tienen cobertura de la seguridad social o, si la tienen, sus obras sociales están desfinanciadas para el seguimiento adecuado de sus afecciones. Por su parte, las/os profesionales tratantes han recibido formación de posgrado en consumos problemáticos, en cuidados paliativos, en género, etc. Este interés formativo, los capacita para la comprensión del sufrimiento de los pacientes y la comprensión del contexto en el que viven sus afecciones. Por su parte, ellas/os mismas/os son profesionales que fueron etiquetadas/os por sus pares como “diferentes” por estar dispuestos a afrontar casos "sociales". En estos casos, el cuidado fue aprendido sobre todo "en el servicio" y no en su formación de grado. Santiago vincula mi referencia a una cita dentro de un texto de Arthur Kleinman, en la que un médico chino afirma que un buen cuidador es aquel que se ve afectado por la situación. Esto no se enseña en las diferentes capacitaciones, sino que se trasmite como una distancia necesaria para "funcionar" como cuidador. Santiago acuerda conmigo y lo reinterpreta como la consecuencia de dos factores: la experiencia y la predisposición. Por un lado, atravesar situaciones de afectación, muchas veces mal manejadas y sin apoyo por los profesionales novatos, por otro lado, a partir de la experiencia histórica del cuidador con relación a la tarea y el rol, el cuidador va construyendo su propia forma de afrontar este tipo de situaciones. Aquí aparece la predisposición, esa mirada que a muchos profesionales los hacen elegir tareas de cuidado como subespecialidad o la incorporación a espacios de trabajo de ese tipo. Podrán dejarse afectar en la medida que tengan las herramientas emocionales y la contención personal para poder hacerlo. En su recorrido, la experiencia, va moldeando esa manera particular de atravesar instancias de cuidado que luego un observador externo juzga como frías y distantes o tiernas y humanizantes.


2- ¿Cómo crees que el acto de narrar las propias experiencias de "descuido" o cansancio puede fortalecer la dimensión colectiva del cuidado dentro de las instituciones de salud?


En mi experiencia de trabajo con diversas especialidades médicas, es difícil que las experiencias de "descuido" puedan ser narradas por fuera de una red de confianza. Es una exposición muy delicada que requiere del acompañamiento de un equipo o supervisión externa, que reconozca las limitaciones grupales y personales. Si este reconocimiento no fortalece el trabajo en equipo, si desde las jefaturas se desconoce el valor del trabajo cotidiano en equipo, las narrativas pueden ser parte de acciones catárticas y no un proceso de afectación grupal en la gestión cotidiana de los cuidados. Para Santiago en cambio, siendo la narración una reflexión relatada, puede exponer la construcción que el sujeto hace de sí mismo, pero también dejar entrever aspectos de su contradicción, el sentido de incompletud a través de la tensión interna. De modo que es importante confrontar la narración con la escucha. Sin este pasaje, la narración queda a medio camino. Sin una devolución que pueda enfocarse en estos aspectos se vuelve una reafirmación y conformación a un deber ser y de una imagen proyectada. Habrá quienes están más seguros en su rol y tarea, que puedan ser más autocríticos y reflexivos, o más permeables a la mirada ajena. A otros, les costará más y precisarán una guía, una contención para dejarse despojar de las prendas que pretenden vestir en el formato del deber ser. Piensa en el temor al error en el trabajo médico. A veces, el temor a la mala praxis, expone a los profesionales de la salud a ni siquiera reconocer un error o una equivocación. Se formula las siguientes preguntas ¿Cómo aceptar que por un error propio o colectivo un paciente tuvo algún inconveniente o sufrió alguna consecuencia negativa? ¿Los trabajadores de la salud no deberían poder trabajar explícitamente y libremente sobre sus errores y equivocaciones para poder perfeccionarse? ¿Los errores de los trabajadores de la salud siempre son consecuencia del efecto del sistema sobre ellos, que los desgasta, les genera burn out o los cansa? 



3- ¿Cómo pensás que la SAMEN puede aportar a mejorar el cuidado integral de las personas en las instituciones de salud?


Inicialmente, comunicar los aportes de las narrativas en la formación de pre-grado. Esto incluye recuperar los resultados de investigaciones que den cuenta de cómo las narrativas permiten reconocer modificaciones experimentadas en los equipos en las que se implementaron este tipo de intervenciones. Recuerdo a comienzos de los 90, un colega antropólogo fotógrafo en París fue convocado para tomar fotos de una guardia de 24hs en un hospital. Su ojo pudo captar manos, expresiones y miradas, que usualmente pasan desapercibidas en el fragor de una urgencia. Ese ojo externo, permitió un reconocimiento del médico o la médica, como un par afectado por el sufrimiento de su paciente. En tanto que, para Santiago, la modificación tiene que realizarse en forma subrepticia. Una idea disruptiva no penetra una estructura tradicional, debería incorporarse en los intersticios de los sentidos institucionalizados para subvertirlos y reproducirlos a través de cambios reconocidos y aceptados. Considera que en esa instancia, hay que aceptar y dejar que la práctica tome vuelo propio y sea manipulada por los practicantes. Por ejemplo, rescatar el relato que un cirujano hace de su intervención en una charla con sus compañeros más allá del parte quirúrgico, e intervenir con preguntas relacionadas con las emociones y sensaciones: eso puede ser una narración no registrada pero significativa al escucharse en su decir del hacer más allá de la técnica concreta. Las preguntas tienen que ser sutiles, casi imperceptibles para que el profesional pueda ir re-narrando su praxis, objetivando su labor.


Ana Domínguez Mon adominguezmon@unrn.edu.ar - RAICES; GITCSyS

Santiago García de la Vega sgarciadelavega@gmail.com - GITCSyS



 
 
 

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